CARAGANZÚA Y SPANTAGREY
Caraganzúa era un tipo flaco y alto pero no esbelto, huesudo y cadavérico y con una nariz como una ganzúa. Lo que más le gustaba a Caraganzúa era su nariz, hacía de ella su medio de vida, vivía por ella, era su ventanita doble al mundo, le encantaba sorber, con más o menos esfuerzo, cualquier tipo de cosa por la nariz. Fue de esos niños que un gran día se metió una judía en la nariz y disfrutaba sintiendo el gorgojeo y picazón que los inapreciables movimientos de la semilla provocaban en el interior de su cavidad favorita. Sin embargo, en el caminar de esta su primera pasión cosquilleante, se forjó el enraizamiento de la semilla hacia el viscoso y pequeño cerebro de seis años de Caraganzúa, causando el estancamiento de su ya improbable desarrollo intelectual.
Encorsetadas desde entonces sus neuronas en esa cárcel vegetal, quedaron incapacitadas para llevar a cabo la sinapsis correspondiente. De ahí que, y a pesar de esos alucinantes ojos , verdes judía verde, cuando Spantagrey le decía:
“¡Pero, no ves que se meten contigo Caraganzúa!
El pobre Caraganzúa no reaccionaba, confinados como estaban sus estertores neuroeléctricos y a Spantagrey le hervía la sangre y le quemaba la rabia de ver como Caraganzúa desperdiciaba la preciosa oportunidad de dar una paliza .
Ya desde pequeño Spanta prodigaba su pasión por la violencia gratuita , tenía acogotados a todos los niños del colegio y con lo que más disfrutaba era sintiendo los efluvios de violencia reprimida mezclados con compasión que emanaban los padres al ver el terror del inocente en los ojos de sus propios hijos, víctimas de la última incursión de Spantagrey .
Su madre no entendía como había podido surgir semejante engendro diabólico de un vientre tan acolchado, blanco y suave como el suyo. Su padre, mecánico de mentalidad analítica y racionalista, se comía las uñas a escondidas y le pedía a su hijo una explicación :
“¿ Porqué has pegado a Pequeñín, Spantagrey?. ¿Porqué? .¿Porqué? ¿Porqué?.”
Y así durante años y años hasta que Spantagrey encontró la razón de su existir, el sentido de su vida, el motor de sus incursiones, la justificación de su naturaleza; encontró en definitiva a Caraganzúa en décimo curso y se hicieron inseparables. Ocurrió de golpe, fue lo que podríamos decir un “ostiazo a primera vista”.
No hizo más que entrar en clase con su cara de alelado que a Spantagrey se le disparó el resorte . Sintió un calor en los pies, en las manos y en la cabeza que se le concentró en el estómago, de ahí el quemazón reconcentrado, le calambreó hacía los puños y en un respiro, le arregló la cara al panoli con cerebro disecado para los restos.
En Trauma hicieron lo posible por reconstruirle una cara ,más o menos humanoide, pero al niño judía se le quedó un careto que indiscutiblemente, dibujaba una ganzúa.
A partir de entonces Cerebro Vegetal pasó a llamarse Caraganzúa y a ser principal coartada de los movimientos de Spantagrey porque...No era difícil que Caraganzúa fuera objeto de burla de cualquier incauto obsesionado por la estética de los que abundan en el momento.
To Be Continued...